Injertos óseos de mentón para la reconstrucción de defectos óseos

Las exigencias de la sociedad actual nos obligan a la realización de rehabilitaciones protésicas óptimas en pacientes edéntulos, tanto desde el punto de vista estético como funcional.

Los defectos óseos a nivel de la cresta alveolar dificultan la colocación de los implantes dentales en el lugar idóneo. 

INJERTO OSEO MANDIBULA

Los injertos óseos constituyen una de las técnicas más utilizadas en la cirugía reconstructiva implantológica. Se definen como una parte de un órgano o tejido que tras ser extirpado de una “zona donante” se coloca en otra “zona receptora” con el objetivo de dar soporte y/o corregir un defecto estructural, el cual se nutrirá eventualmente de la zona receptora.

Están indicados en los casos que se quiera restaurar la anatomía perdida, reconstruir defectos de cresta horizontales moderados-severos y verticales leves-moderados, y permitir la colocación de implantes en una posición óptima y así obtener un correcto perfil de emergencia y función.

Los injertos óseos se pueden clasificar en función de diferentes criterios: 

1. Según su localización: 

a. Intraoral: sínfisis, rama o cuerpo mandibular, trígono retromolar, apófisis coronoides, pared anterior del seno maxilar, paladar óseo, tuberosidad maxilar, hueso cigomático.
b. Extraoral: cresta ilíaca, calota craneal, tibia, costilla.

2. Según su estructura: 

a. Cortical: calota craneal, mentón, cuerpo y rama mandibular, y arbotante cigomático.
b. Esponjoso: metáfisis tibial, cresta ilíaca.
c. Corticoesponjoso o compuesto: bloques de cresta ilíaca.

3. Según la fuente y la respuesta inmune que provocan: 

a. Autoinjertos o autólogos: del mismo individuo.
b. Aloinjertos o heterólogos: de otro ser humano.
c. Xenoinjertos: de un individuo de otra especie.
d. Aloplásticos: material sintético.

4. Según su origen embriológico: 

a. Osificación intramembranosa: de células mesenquimales (esqueleto craneofacial)
b. Osificación endocondral: de células del ectomesénquima (cresta ilíaca, tibia…)

El material de elección para el reemplazo del hueso perdido por atrofia, traumatismo, o procesos patológicos congénitos o adquiridos, es el injerto óseo autólogo, ya que es el único que posee los tres mecanismos de neoformación ósea: osteogénesis, osteoinducción y osteoconducción.

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Estudiante de la Lic. en Cirujano Dentista en la Universidad de Guadalajara, Emprendedor, Apasionado por la Odontología, Conocedor de temas en Motivación, Creatividad, Comunicación, Marketing y Liderazgo.

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